No existe un momento perfecto

1:57 de la madrugada, el cielo negro se ilumina con la luna, no es la más llamativa del verano, pero parece ser igual de brillante. El astro no está solo, rayos y estruendos anuncian tormenta eléctrica.

Felicia toma su cámara cambia el lente 18-55 mm por el 55 -200 mm y trata de asomar el lente por la ventana que está cubierta por barrotes horizontales, verticales, una flor de gel atrapa moscas y la cortina beige de la que cuelgan mensajes “motivacionales” y una hoja vieja con unas estrofas del “No te rindas”, poema de Benedetti.

Justo en ese orden, tendrá que traspasar el lente para captar la imagen de una noche gótica, que anhela plasmar.

ISO 1600, 5.6 de diafragma y una velocidad de 125 para captar los rayos, algo así ella no es experta.

Sentada al borde de la cama utilizando las rodillas como tripe, donde descansan sus codos, y con la cabeza completamente recargada en la espalda alta, está lista.

El estruendo de los rayos es tan penetrante como las bombas de Gaza, esas que se aprecian en los videos que saturan la Web cada dos años.

Le atrae la luz, fugaz; el ruido, fuerte; y que el cielo negro se tiña de azul, mientras las gotas caigan.

Cierra el ojo derecho, mueve la parte delantera del lente para enfoca y la trasera para acercar, lo intenta hasta el máximo de su cámara, 200 metros. Lo tiene, lo ve en el pequeño orificio, ese objetivo gris, con un destello blanco, perfecto para capturar, y oprime.

Ansiosa, baja la cámara para ver la imagen por la pantalla de su cámara digital.

El gris predomina, los barrotes se ven más gruesos de lo que son ¿Y el rayo No hay rayo, Felicia es miope, menos 4 en el izquierdo, sus gafas apenas tienen menos 3.0.

Mi Estado es único

La Ciudad que en su eterna renovación, pierde la memoria. La metrópoli de contrastes que aspira a ser cosmopolita, pero no acepta a extranjeros; menos a foráneos y de indígenas, ni se mencione. La otra cara de Nuevo León, donde desechar espacios es más fácil que habitarlos, donde el futuro es ansiado; el pasado se borra y el presente, solo pasa.

El país donde las horas sangran

Incrédulo el sentir al leer los diarios; al ver las fotografías del desaparecido; las madres llorar; los huérfanos sobrevivir; las horas sangrar.

Los diarios que no callan, entre los muchos que solapan.

Los rostros desaparecidos, los cuerpos mutilados, el corazón oprimido de un dolor inhumano.

Las madres quieren más recuerdos que esperas. Quieren usar sus bocas para besar a sus hijos, no para gritar justicia. Quieren usar sus manos para abrazarlos; no para cargar su retrato entre una multitud indiferente, soberbia, reprimida.

Los huérfanos hijos del régimen, del despilfarro, de la atrocidad, del descontrol, del gobierno inepto, del silencio.

Y las horas sangran.

Y en México:

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres

En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay Cadáveres

Poema de Néstor Perlogher

Por Gabriela Villegas

La ética

“Pienso en las jerarquías de valores tan bien exploradas por Ortega, por Scheler: lo estético, lo ético, lo
religioso. Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, la cosquilla, la ética”

100 años de Cortázar 

 

 

Cada 25 de Agosto

El incendio que más lo impactó fue el Casino Royale y compartió algo de lo que vio entre las llamas.

A dos años de aquella conversación con un bombero del Patronato de Nuevo León, su respuesta nunca la he olvidado.

Tampoco la tarde del 25 de Agosto del 2011, cuando nadie creía la cifra de muertos y nadie entendía por qué.

Ahora, tal vez entendemos el por qué, pero la cifra se borró al ver las caras de los deudos. 

A ellos el hecho les pesa a diario, a nosotros cada 25 de Agosto y al Gobierno Estatal nunca.