Untitled-1 copy

The Illustration work and interaction with outside

Las palabras y trabajo continuo de esta ilustradora freelance inspiran.

Copio info del video: 

In May 2012, Geffen Refaeli, freelance illustrator from Tel Aviv, Israel, uploaded her very first @DailyDoodleGram on Instagram. The concept: select elements from different pictures appearing in her Instagram photo stream and combine them into a doodle! Refaeli then tags the users from whose photos she drew inspiration so that others are able to click through and see the originals.

<p><a href=”http://vimeo.com/102513133″>Geffen Refaeli</a> from <a href=”http://vimeo.com/likeknowslike”>Like Knows Like</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Por Gabriela Villegas

La ética

“Pienso en las jerarquías de valores tan bien exploradas por Ortega, por Scheler: lo estético, lo ético, lo
religioso. Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, la cosquilla, la ética”

100 años de Cortázar 

 

 

Cada 25 de Agosto

El incendio que más lo impactó fue el Casino Royale y compartió algo de lo que vio entre las llamas.

A dos años de aquella conversación con un bombero del Patronato de Nuevo León, su respuesta nunca la he olvidado.

Tampoco la tarde del 25 de Agosto del 2011, cuando nadie creía la cifra de muertos y nadie entendía por qué.

Ahora, tal vez entendemos el por qué, pero la cifra se borró al ver las caras de los deudos. 

A ellos el hecho les pesa a diario, a nosotros cada 25 de Agosto y al Gobierno Estatal nunca.

“Me dicen que tengo un ‘don’ en las manos”

Desde Chiapas, un hombre llegó a Monterrey para tramitar su visa y al mismo tiempo a encontrar a aquella mujer que, en un sueño, un ángel le indicó buscarla.

Ella, la indicada, es Nicolasa, débil visual que labora ofreciendo masajes y terapias en la Macroplaza, en el Centro de Monterrey.

“La gente me dice: ‘tú tienes un don en tus manos’”, expresa Nicolasa y levanta sus manos a la altura su cabeza, dejando ver la blancura de sus palmas.

Hace diez años, le insertaron un lente, pues padece de glaucoma, sin embargo el diagnóstico se agravó cuando un coagulo se desarrolló en su pupila.

“Bien poquito que miraba, pero como tengo glaucoma se va ‘yendo’,  se va ‘yendo’, te veo pero con mucho humo, pero aquí andamos”, agrega Nicolasa, “Es que dicen que cuando se te van ‘yendo’ tus ojos, se te desarrollan otras cosas”.

Al fallecer su madre, Nicolasa ingresó a las capacitaciones laborales para personas con discapacidad, que ofreció la Administración de Adalberto Madero hace casi nueve años.

Lleva siete años laborando como masajista y terapeuta en la Macroplaza, donde dice haberse ganado a la gente, a pesar de las dificultades que enfrenta como compartir los clientes con personas que fingen ser discapacitados.

“Ella (refiere a una compañera) se pone lentes de aumento para que digan que está ciega, se los pone hasta por acá (señala las mejillas) y ve por arriba”, cuestiona, “¿Cómo te vas a dañar tus ojos?”.

Tal vez por su carisma o franqueza al hablar, Nicolasa, con sus 60 años de edad, dice que la gente la busca, pero también por las facilidades de pago que ofrece.

“Tú le dices una cooperación de 40 pesos, pero no es una cooperación 40 pesos son 40 pesos, entonces hay gente que puede y otra que no puede. Me dicen: ‘sólo tengo 20 pesos’, y le doy el masaje”, comenta mientras acomoda una pequeña camilla.

Sin embargo, Nicolasa ve recompensada su labor en Navidad, pues dice que sus clientes le pagan el masaje y aparte le regalan 50 o 100 pesos.

Nicolasa parece feliz con su trabajo, pues arregla su espacio ubicado en un camellón de la Macroplaza, justo bajo la sombra de un árbol, que poco o mucho sirve para desviar los 37 grados que marca el termómetro.

Mientras dice que prefiere tener sus ojos buenos para poder trabajar en dónde sea, llega una mujer que viste traje sastre en color gris y porta una bolsa aparentemente de marca costosa.

“Nicolasa, ¿Cómo está?, la busqué el sábado”, interrumpe.

Luego, Nicolasa coloca toallas blancas sobre la camilla y su clienta se acomoda.

“Ya ve que cómo vienen y me buscan, amiguita”, dice sonriente.

DSCN5732 copy

“Aquí están jodidos porque dan monedas”

La poetisa Guadalupe Amor frecuenta cada domingo las calles de Barrio Antiguo, esto al ser representada por un actor regiomontano quien durante la tarde recita versos para los transeúntes. 

La mujer dice que nunca le dio Paz a Octavio y que a José Luis lo sacó de las Cuevas. Ahora, apoyada de un bastón de madera desgastado, camina en la empedrada calle Mina, en Barrio Antiguo de Monterrey.

Su tacón quebrado la hace cojear, pero no por eso deja de recitar la “Epifanía de sus Defectos”, que aun esté ella a metros de distancia, se escucha entre los comerciantes con su aguda voz.  

A pesar de lo grande de su boca, el color rosa pálido de su labial está por toda su cara, mientras que el maquillaje negro de sus ojos escurre en sus mejillas. 

Su cabellera café ceniza porta una enorme flor artificial en color rosa mexicano, que poco o nada combina con su vestido de estampados que se pierden en los diversos collares de perlas.  

Así es Guadalupe Amor, representada por un actor regiomontano, que le cuesta más trabajo despegarse de la “undécima musa”, que caracterizarla. 

“Empecé haciéndola por un juego en una reunión con un amigo y con el tiempo me fui dando cuenta que era un personaje importante de la literatura y del folclor mexicano, porque Guadalupe Amor era del folclor”, explica sentada en una pequeña silla plegable, negándose a salir del personaje. 

Muy conocida en su caracterización pues cada domingo desde hace más de dos años,  deambula entre artesanías y antigüedades típicas del Callejón del arte. 

“Cuando llegué aquí (a Monterrey) me encantó y ya se me olvidó qué chingados me preguntaste”, divaga.

Los transeúntes que la asechan ríen, le dejan monedas en su canasta de madera y uno que otro le coquetea, así como fueran los últimos años de Pita en las calles de la Zona Rosa. 

“Guadalupe Amor vendía poemas, sonetos, tercetos en la Zona Rosa y pedía billetes, aquí están jodidos porque dan monedas. Escribía poemas y también dibujaba, esa fue la cuestión porque viene aquí, porque está el arte que quiero transmitir a la gente”, refiere a la época del autoexilio personal de la poetisa. 

Sin embargo, al cuestionarle sobre su sobrina Elena Poniatowska, la recién ganadora con el  Premio Cervantes de Literatura, la “Pita Amor del Barrio Antiguo” reaccionó tal cual Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein lo hacía con la periodista. 

“¡Elena Poniatowska es una ratera! ¡Cómo se ocurre a esa hija de gata pedir tener el apellido Amor!, Pero pasemos a otro punto, me choca tener que hablar del patrio trasero de la República Mexicana”, gritó molesta causando risas y expectación entre las más de veinte personas que la rodean. 

Después, abrió su abanico de mano, blanco con flores azules, lo agitó velozmente y cambió de tema. 

“Como actor tengo que trabajar, y la justificación del personaje al llegar al callejón del arte y tengo dos años con esta gente. ¡Un aplauso para esta gente del callejón del arte!”, y su público aplaude. Entre estos un joven, expresó: “La amo”. 

Aunque se autodenomina actor, no deja al agudeza de su voz, ni el sutil y femenino movimiento de sus manos, y menos la arrogancia con la que Guadalupe Amor es recordada.  

A él, nadie lo llama por su nombre ni su amiga vendedora de accesorios artesanales a la que tantas veces le ha dedicado “Epifanía de mis defectos”. 

Su compromiso con las calles del Barrio que la deja ser la han motivado para filmar un cortometraje con el fin de atraer más visitantes. 

“Vamos a hacer cortometraje para darle auge a las calles, pero visiten el ‘Callejón del arte’, en el Barrio Antiguo del Centro de Monterrey, en la calle Mina esquina con Padre Mier, y dejen de ir al cine y ver futbol que es un asco”, expresó al abrir su abanico de mano y ocultar su rostro.

Alrededor de las siete de la tarde, Pita Amor realiza su última andanza sobre la calle Mina, pasa Morelos recita un último verso.

Después camina lentamente, sosteniendo su canasta de madera repleta con monedas que al terminar cada frase regalan sus admiradores, los jodidos. 

 

Por Gabriela Villegas  publicada el 16/05/14 en MILENIO